Que rara es la vida, antes no tenia nada que contarte y sin
embargo no había día que no te escribiera. Quizás te contaba el cosquilleo que
sentía cuando el que creía mi príncipe azul me miraba por los pasillos, quizás
te hablaba de los buenos momentos que pasaba con alguna amiga, o de las
estupendas noches que pasaba en vela imaginando esos sueños que deseo algún día
cumplir.
Lo raro es que, esos días tan normales y corrientes entre
sonrisas y lágrimas me hacían escribir cientos de palabras que no querían decir
nada. Ahora tengo tanto que contaros, que no sé ni por dónde empezar…
Pensé que tantas cosas vividas me darían esas ganas que
necesito de contaros con pelos y señales lo feliz y lo triste que me he sentido
en estos meses, pero lo mas extraño es que no tengo ni las minimas ganas de contaros nada, me apetece guardármelo para
mi y no contarle a nadie lo sola que me ví en aquellas noches de hospital y lo
sola que me siento ahora mismo sin ella…
Me hace gracia cuando la gente me dice “Pense que ya lo
habías superado” y no me queda otra que decirles que han pensado mal.
Creo que hasta ahora no había escrito nada, porque tenía
miedo a enfrentarme a la realidad. Creo que sigo teniendo miedo de que las
verdades se apoderen de mi. Y si, tengo miedo también, de darme cuenta que la
echo de menos… que me encantaba quedarme noches en vela notando como se movia,
sintiendo esas pataditas que rara vez me daba…
Que cruel es la vida, tan pronto te da algo y tan pronto te
lo arrebata.
Muchas veces intento engañarme y decirme que las cosas así
están mejor. Pero no es así, me miento una y otra vez luchando por salir
adelante y que la gente me vea felíz. Sí, al final siempre es eso por lo que
vivo, por ver sonreir a los demás.
Me pongo a pensar en una vida con ella y no veo nada malo, al menos no veo que las cosas
estuvieran peor de lo que están ahora….quizás ella me hubiera dado la felicidad
que muchas veces me falta.
Es probable que tú, querido amigo, no entiendas de que te
hablo…pues nunca has oído los latidos de alguien que esta dentro de ti., nunca
has esbozado una sonrisa al sentir lo
que tu creías que sería una patada de un futuro futbolista, pero que al final
resulto ser una patada de una nena mimosa que solo quería salir…
Aguantó hasta el último momento, ¿sabes?
Recuerdo que la ultima vez que la vi pude ver su pequeño
corazón latir. Latia con fuerza, con ganas de seguir. En ese momento, mi madre
recuerdo que me dijo “Como sea como tu, tendremos Verónica para rato, saldrá
adelante, a comerse el mundo, como su madre”. Pero un medico cortó aquel punto
y seguido que intentaba hacer mi madre, convirtiéndolo en un punto final. Me
quito todas las ilusiones que me quedaban, fue tajante y me dijo que lo mejor
era acabar con este sufrimiento.
Volví a la habitación con lagrimas en la cara, algo que no
se puede ver muy amenudo.
Es increíble como unas palabras pueden doler tanto…creo que
nada me había dolido tanto.
Sentado al lado de la cama de la habitación, estaba la
persona que me había prometido un mundo de tres, que me había jurado un para
siempre. El dueño de mis días y de mis noches, el culpable quizás de que ahora
sin ella, yo quiera seguir adelante. Recuerdo que fue fuerte, que me miro a los
ojos y me vio llorar sin derrumbarse. Siendo el niño grande que me dio fuerzas
para afrontar aquello de la mejor forma posible.
Pasaron los días, y así como dolorosas fueron las palabras,
doloroso fue el momento en que nunca llego a respirar, ni a reir, ni a llorar.
Lo siento si no entro
en detalles, pero hablar de estas cosas duele…
Creo que para no haberte contado nada en muchos meses, te he
hecho un resumen estupendo de mis últimos meses en los que más que reír, he
llorado.
Muchísimos besos querido amigo.
Te da un saludo, la madre de una niña que nunca llego a
crecer.
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